Donde la estética del callejón cubierto de enredaderas se funde con sabores honestos, panadería recién horneada y un trato angelical. Bienvenido al secreto mejor guardado del Museo Tovar de Teresa.
Dos preguntas. Un brunch perfecto. En menos de treinta segundos te decimos qué ordenar (y te apartamos la mesa).
Elige el ánimo que te acompaña en esta visita.
Una selección editorial de nuestros platos más queridos. Cada uno hecho con la paciencia de quien cocina para amigos cercanos.
Brioche empapado, mascarpone batido, compota de berries de la estación y un velo de miel.
Chocolate profundo y húmedo. El postre que trae gente de vuelta.
Cruzas el portón del Museo Guillermo Tovar de Teresa y apareces en un callejón con techo de cristal, paredes amarillas pintadas a mano con enredaderas y espejos ovalados que multiplican la luz.
Ahí servimos brunch de temporada, panadería horneada cada madrugada y ese trato paciente y amable que mencionan nuestros clientes en cada reseña. No es casualidad. Así cocinamos, así recibimos, así somos.
Cafecito adorable con una estética impresionante embebida en un callejón de la Roma Norte. Los panes recién horneados y la conchita de chocolate fueron superbos. Servicio amable.
Muy ricos los chilaquiles rellenos y las mimosas. El servicio muy atento y amable. El lugar lindo, encantador, como salido de un sueño.
El pan francés me devolvió a mi infancia. El trato fue paciente, angelical. Volvería todos los domingos del año sin pensarlo dos veces.